La inteligencia artificial ya está integrada en buena parte del ciclo de vida del software y comienza a transformar también los modelos de negocio, la relación con los clientes y el funcionamiento de los equipos. Juanma García, director de Ecommerce y CCO de IAGT, analiza esta evolución, las oportunidades que abre para el comercio electrónico y los retos que plantea de cara a 2027.
Sin duda, el mayor cambio que hemos vivido este año ha sido la consolidación de la inteligencia artificial como una herramienta integrada en todo el ciclo de vida del desarrollo de software. Hemos pasado de utilizarla únicamente como un asistente para generar código a incorporarla en tareas de análisis funcional, diseño de arquitectura, pruebas, documentación, revisión de código e incluso en la automatización de procesos de negocio.
En el ámbito del ecommerce, además, estamos viendo cómo la IA deja de ser una funcionalidad para convertirse en un elemento central del negocio. La aparición de agentes inteligentes capaces de automatizar procesos, asistir en la toma de decisiones o personalizar la experiencia de compra está marcando un antes y un después en la forma de desarrollar soluciones digitales.
Sin embargo, creo que el verdadero reto ya no es adoptar la IA, sino hacerlo con criterio. La calidad de los datos, una arquitectura sólida, la seguridad y una adecuada gobernanza son los factores que realmente determinarán el éxito de estos proyectos. La tecnología por sí sola no aporta valor si no está alineada con los objetivos de negocio y acompañada del conocimiento y la experiencia de las personas.
Desde mi responsabilidad en Producción y en el área de Ecommerce, esta evolución también ha cambiado la forma de trabajar de los equipos. Hoy dedicamos menos tiempo a tareas repetitivas y más a aportar visión, diseñar soluciones, validar resultados y ayudar a nuestros clientes a convertir la tecnología en una ventaja competitiva. Creo que esa es la transformación más relevante que estamos viviendo como sector.
Creo que el mayor impacto no vendrá de una tecnología concreta, sino de un cambio en la forma de desarrollar software. Estamos evolucionando hacia un modelo en el que las personas y la inteligencia artificial trabajan de forma conjunta, cada una aportando aquello en lo que es realmente buena. La IA acelerará muchas tareas de ejecución, pero el criterio, la creatividad, la visión de negocio y la capacidad para entender las necesidades del cliente seguirán siendo responsabilidad de los equipos.
En los próximos años veremos cómo los agentes de IA adquieren un papel cada vez más relevante, no solo como asistentes para generar código, sino como participantes activos en procesos de análisis, desarrollo, pruebas y soporte, e incluso en la operación de plataformas digitales. Esto permitirá aumentar la productividad, pero también exigirá nuevas competencias y una mayor especialización por parte de los profesionales del software.
También creo que cambiará la forma de relacionarnos con los clientes. Cada vez será más importante construir soluciones de forma colaborativa, iterar con rapidez y validar continuamente el valor que aporta cada desarrollo. El éxito ya no se medirá únicamente por entregar un proyecto en plazo, sino por la capacidad de adaptarse al cambio y hacer evolucionar el producto junto al cliente.
En definitiva, 2027 será menos el año de la IA como novedad y más el de su integración natural en nuestra forma de trabajar. Las empresas que consigan combinar tecnología, talento y una visión clara de negocio serán las que realmente marquen la diferencia.
Si tuviera que destacar una experiencia, sería la cantidad de conversaciones que hemos mantenido con clientes sobre cómo incorporar la inteligencia artificial a sus negocios. Hace un año, la mayoría de las preguntas giraban en torno a qué herramienta utilizar; hoy, la conversación ha evolucionado hacia cómo integrarla en los procesos, cómo garantizar la seguridad, cómo medir el retorno de la inversión y cómo preparar a los equipos para trabajar con ella.
Ese cambio de enfoque me ha parecido especialmente interesante porque demuestra que la IA está dejando de verse como una tendencia para convertirse en una decisión estratégica de negocio. Como responsables tecnológicos, nuestro papel ya no es únicamente desarrollar soluciones, sino ayudar a nuestros clientes a identificar dónde aporta realmente valor la tecnología y dónde no.
El principal aprendizaje que me llevo es que la innovación no consiste en adoptar la última tecnología, sino en saber aplicarla para resolver problemas reales. La experiencia, el conocimiento del negocio y la capacidad de ejecución siguen siendo los factores que marcan la diferencia entre una buena idea y un proyecto de éxito.
Creo que el mayor cambio no será tecnológico, sino organizativo. La inteligencia artificial está acelerando muchas tareas que antes consumían una parte importante del tiempo de los equipos, lo que nos permitirá dedicar más esfuerzo a actividades de mayor valor, como entender el negocio del cliente, definir la mejor solución, tomar decisiones de arquitectura o asegurar la calidad del producto.
También veremos una evolución en los perfiles profesionales. Más que especialistas centrados únicamente en una tecnología, serán cada vez más importantes los profesionales con una visión transversal, capaces de combinar conocimientos técnicos, comprensión del negocio y capacidad para trabajar junto al cliente. Saber formular las preguntas adecuadas y validar los resultados será tan importante como desarrollar una buena solución.
En cuanto a la forma de trabajar, seguiremos avanzando hacia equipos más colaborativos, con una integración mucho mayor entre negocio, producción y desarrollo. La velocidad de entrega aumentará gracias a la automatización y a la IA, pero también crecerá la responsabilidad de mantener unos estándares elevados de calidad, seguridad y gobernanza.
Desde mi experiencia, el éxito ya no dependerá solo de desarrollar software más rápido, sino de desarrollar el software adecuado. Eso implica escuchar más al cliente, iterar con frecuencia, medir el impacto de cada entrega y utilizar la tecnología como un medio para generar valor, no como un fin en sí misma. Creo que esa será la principal evolución de nuestra profesión en los próximos años.
Creo que los equipos deben empezar por adoptar una mentalidad de aprendizaje continuo. La tecnología evoluciona a una velocidad sin precedentes y ya no es suficiente con dominar un lenguaje de programación o una plataforma concreta. Es necesario comprender cómo aplicar nuevas herramientas, especialmente la inteligencia artificial, de forma crítica, segura y orientada a generar valor.
También considero fundamental reforzar la capacidad de entender el negocio. Cuanto mejor conozcamos los objetivos y las necesidades del cliente, mejores decisiones podremos tomar en el ámbito técnico. La diferencia ya no estará solo en desarrollar una funcionalidad, sino en aportar soluciones que resuelvan problemas reales y tengan un impacto medible.
Otro aspecto clave será fomentar una cultura de colaboración. Los proyectos más exitosos son aquellos en los que negocio, producción, desarrollo y calidad trabajan como un único equipo, comparten objetivos y toman decisiones de forma conjunta. La comunicación y la capacidad de adaptación serán competencias tan importantes como las habilidades técnicas.
Por último, creo que debemos evitar un error muy común: adoptar nuevas tecnologías por el simple hecho de que están de moda. La innovación debe responder siempre a una necesidad concreta y aportar un beneficio real. Las herramientas cambiarán, pero los principios que hacen que un proyecto tenga éxito (escuchar al cliente, construir con calidad y mantener una visión a largo plazo) seguirán siendo los mismos.
Creo que estamos en un momento excepcional para el sector. La inteligencia artificial y la automatización están reduciendo las barreras para innovar, lo que permite desarrollar soluciones más rápido, experimentar con nuevas ideas y ofrecer productos digitales con un mayor valor añadido. Esto abre oportunidades tanto para las empresas tecnológicas como para cualquier organización que quiera transformar sus procesos y mejorar su competitividad.
Para IAGT, supone la oportunidad de reforzar nuestro papel como socio tecnológico de confianza. Más allá de desarrollar software, podemos ayudar a nuestros clientes a identificar dónde aporta realmente valor la tecnología, diseñar soluciones adaptadas a sus necesidades y acompañarlos durante todo el proceso de transformación digital. Ese enfoque consultivo será cada vez más diferencial.
En el ámbito del ecommerce, además, se abre una oportunidad muy interesante para evolucionar desde plataformas centradas en la gestión de una tienda online hacia ecosistemas inteligentes capaces de automatizar procesos, optimizar operaciones y ofrecer experiencias mucho más personalizadas. La combinación de datos, IA y automatización permitirá a nuestros clientes ser más eficientes, tomar mejores decisiones y ofrecer un servicio de mayor calidad.
En definitiva, creo que el mayor potencial no está solo en incorporar nuevas tecnologías, sino en utilizarlas para construir negocios más ágiles, eficientes y preparados para adaptarse a un entorno que cambia constantemente. Ahí es donde una empresa como IAGT puede aportar un valor diferencial: combinando conocimiento tecnológico, experiencia y una clara orientación al negocio.
Mi principal advertencia sería no confundir velocidad con valor. La inteligencia artificial nos permite desarrollar más rápido que nunca, pero eso no garantiza que estemos construyendo mejores productos o resolviendo los problemas adecuados. El éxito seguirá dependiendo de entender al cliente, tomar buenas decisiones y mantener un alto nivel de calidad.
También creo que debemos evitar caer en la tentación de adoptar cualquier nueva tecnología por miedo a quedarnos atrás. No todas las soluciones son adecuadas para todos los proyectos y la innovación solo tiene sentido cuando responde a una necesidad real y genera un impacto medible en el negocio.
Por último, me preocupa que olvidemos que el software es, ante todo, una herramienta para las personas. La IA transformará nuestra forma de trabajar, pero no sustituirá aspectos como el criterio, la experiencia, la creatividad o la confianza que se construye con los clientes. Las empresas que entiendan ese equilibrio serán las que lideren la próxima etapa del desarrollo de software.
La tecnología evoluciona muy rápido, pero el verdadero valor seguirá estando en las personas que saben transformarla en soluciones para el negocio.
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La integración de la inteligencia artificial abre una nueva etapa en el desarrollo de software y el ecommerce. Un contexto en el que la velocidad y la automatización ganan peso, pero también lo hacen el criterio, la calidad, la seguridad y el conocimiento del negocio. Para Juanma García, la verdadera oportunidad reside en combinar estas capacidades para construir soluciones que respondan a necesidades reales y generen un impacto medible.