La inteligencia artificial ha marcado la conversación tecnológica de este curso, pero su incorporación al desarrollo de software también plantea preguntas que van más allá de la velocidad, la automatización y la productividad.
Ale Garrido, Lead Product Designer en IAGT, reflexiona sobre la necesidad de recuperar el foco en el propósito de cada producto, mantener el pensamiento crítico y utilizar la tecnología para dedicar más tiempo a comprender los problemas que realmente queremos resolver.
La conversación sobre la IA se está centrando demasiado en el cómo: en agilizar procesos, reducir tiempos o acelerar el delivery. Pero tengo la sensación de que estamos dejando en un segundo plano lo realmente importante: el porqué.
No sé si será este año, pero creo que la fiebre de la IA pasará pronto. Seguirá siendo una herramienta extraordinariamente potente, pero dejará de ser el centro de la conversación. Y entonces podremos volver a enfocarnos en lo esencial: entender para quién estamos diseñando, qué problema queremos resolver y cómo generar un impacto real.
La incertidumbre que percibo en el sector IT en general y, especialmente, el exceso de ruido en torno a la IA.
La IA ha sido el gran tema de conversación de este año y, sin duda, tendremos que aprender a integrarla en nuestros flujos de trabajo. El reto no será usarla, sino hacerlo sin delegar en ella el pensamiento crítico. No creo que cambien los perfiles profesionales, sino la forma de trabajar: para aprovechar realmente la IA es necesario conocer en profundidad el dominio en el que se aplica.
Su mayor impacto estará en tareas como el desarrollo, las pruebas, la documentación o la velocidad de entrega, permitiéndonos dedicar más tiempo a lo realmente importante: entender el problema y alinearnos en el porqué.
Donde sí veo más incertidumbre es en la relación con los clientes. Algunos pueden pensar que ya no necesitan equipos especializados porque la IA «hace el trabajo», mientras que otros asumirán que el desarrollo debe ser mucho más barato y presionarán los presupuestos. Aunque estas percepciones no siempre reflejen la realidad, es probable que condicionen el mercado a corto plazo.
«El reto no será usar la IA, sino hacerlo sin delegar en ella el pensamiento crítico».
Creo que este es un buen momento para que los equipos inviertan tiempo en revisar y mejorar sus procesos, incorporando herramientas que realmente aumenten la productividad. Quizá también sea el momento de potenciar, o incluso crear, perfiles y departamentos de Ops que se encarguen de identificar ineficiencias, automatizar tareas y facilitar que el resto del equipo pueda centrarse en aportar valor.
En general, la IA abre una gran oportunidad para ser más eficientes, mejorar procesos y liberar tiempo para dedicarlo a tareas de mayor valor. Esto se aplica tanto al sector como a IAGT en particular. Una organización más eficiente y mejor coordinada acaba traduciéndose en un mejor servicio y en un mayor valor para nuestros clientes.
Que, aunque la IA es una herramienta muy potente, no debemos perder el foco en lo importante.
La IA acelera el cómo, pero el éxito de un producto seguirá estando en el porqué.
Más allá del impacto inmediato de la inteligencia artificial en los procesos de desarrollo, el verdadero desafío será decidir cómo queremos utilizarla y con qué propósito. La tecnología puede ayudarnos a trabajar con mayor rapidez, pero comprender a las personas, cuestionar las decisiones y definir correctamente los problemas seguirá siendo una responsabilidad de los equipos.