El desarrollo ecommerce ya no consiste únicamente en construir una tienda online. La incorporación de soluciones especializadas, servicios de terceros y herramientas de inteligencia artificial ha dado lugar a ecosistemas tecnológicos cada vez más complejos. Elena Pérez, líder técnico de Ecommerce en IAGT ‘Amazing Software’, analiza la importancia de coordinar todas esas piezas, garantizar la trazabilidad del dato y mantener el control sobre la arquitectura.
Además de lo más evidente, como la evolución de la IA aplicada al ecommerce y el comercio agéntico, creo que uno de los cambios que más se ha consolidado este curso, aunque ya venía de antes, es la creciente complejidad de los ecosistemas ecommerce y la forma en la que los construimos.
Funcionalidades que hace unos años quizá se habrían abordado como un desarrollo propio hoy se plantean primero desde otra perspectiva: ¿tiene sentido construirlas o existe ya una solución especializada que podamos integrar? Esto permite evolucionar mucho más rápido, pero también introduce nuevos retos relacionados con las APIs, la calidad y la propiedad del dato, la dependencia de proveedores, la seguridad, los costes o la capacidad de sustituir una pieza sin comprometer el resto de la arquitectura.
Nuestro papel como consultora se parece cada vez más, tirando de una analogía bastante clásica, al de un director de orquesta: no basta con que cada instrumento funcione correctamente por separado; hay que conseguir que todos entren a tiempo y estén leyendo la misma partitura -y, a ser posible, que el del trombón no se pegue con el de la tuba. Iniciativas que están tomando forma precisamente ahora, como el Pasaporte Digital de Producto europeo, refuerzan además esta idea: ya no solo es importante conectar sistemas, sino garantizar la calidad, la trazabilidad y la coherencia del dato a través de todos ellos.
Para mí, este cambio hace que el desarrollo ecommerce consista cada vez menos en «desarrollar una tienda» y más en diseñar y coordinar el ecosistema tecnológico que sostiene el negocio.
Mirando a lo que queda de 2026 y a 2027, creo que uno de los cambios que va a tener bastante impacto es que la seguridad y la trazabilidad tendrán que integrarse todavía más en el propio proceso de desarrollo, especialmente ahora que la IA empieza a participar directamente en la generación de código.
Cada vez construimos menos partiendo únicamente de código propio. Trabajamos con librerías, frameworks, módulos, APIs y servicios de terceros y, además, cada vez es más habitual apoyarse en herramientas de IA para generar, completar o revisar código. Esto permite desarrollar más rápido, pero también hace todavía más importante saber qué estamos incorporando realmente al producto y no asumir que algo es correcto o seguro simplemente porque funciona o porque lo ha sugerido una herramienta.
Creo que en los próximos años veremos mucho más foco en automatizar controles de seguridad, revisar dependencias, conocer el origen de los componentes y establecer procesos específicos para validar el código generado o asistido por IA. Al final, desarrollar más rápido también significa que podemos introducir vulnerabilidades más rápido si los controles no evolucionan al mismo ritmo.
Una de las experiencias que más me aporta cada año es asistir al Madrid Tech Show con parte del equipo. Más que una charla concreta, me interesa especialmente poder ver en un mismo sitio qué preocupaciones se están repitiendo entre proveedores, plataformas y empresas, qué tecnologías empiezan a aterrizar de verdad y cuáles siguen teniendo más de discurso que de aplicación práctica.
El aprendizaje que me llevo es precisamente ese: no todo lo nuevo merece entrar en un proyecto por el simple hecho de ser nuevo. Cada vez es más importante tener criterio para distinguir entre una tendencia interesante, una herramienta útil y una dependencia que dentro de dos años puede convertirse en un problema.
Creo que vamos a poder desarrollar y probar soluciones mucho más rápido, tanto por la madurez de las herramientas de terceros como por el apoyo de la IA en determinadas tareas. Pero, precisamente por eso, nuestro trabajo va a requerir cada vez más criterio técnico y visión de conjunto.
Evitaría especialmente una tentación: incorporar herramientas simplemente porque permiten resolver algo rápido. Antes de integrar una nueva pieza, deberíamos preguntarnos quién la mantiene, cuánto nos condiciona, qué datos controla y qué ocurriría si dentro de dos años necesitáramos sustituirla.
Si las empresas tienen cada vez más plataformas, proveedores y soluciones especializadas, alguien tiene que mantener una visión global: ayudar a decidir qué merece la pena desarrollar, qué conviene comprar, cómo se integra, dónde debe vivir el dato y cómo evitar dependencias difíciles de revertir.
Para los clientes, la oportunidad está precisamente en aprovechar todo ese ecosistema de soluciones disponibles sin acabar con una arquitectura inmanejable. Y ahí creo que el valor de una consultora está cada vez más en aportar criterio tecnológico y visión de conjunto, además de capacidad de desarrollo.
Que no confundamos desarrollar más rápido con desarrollar mejor.
Tenemos cada vez más herramientas para añadir funcionalidades, integrar servicios y generar código a una velocidad enorme, pero también es mucho más fácil acumular dependencias, deuda técnica y decisiones que nadie termina de entender.
El riesgo para 2027 no creo que sea quedarnos atrás por no adoptar suficiente tecnología, sino acabar construyendo ecosistemas tan complejos que perdamos el control sobre ellos. La velocidad es una ventaja mientras sepamos qué estamos incorporando, por qué y quién va a mantenerlo después.
Cada vez importa menos quién o qué ha escrito cada pieza del software y más saber por qué está ahí, cómo se integra con el resto y cómo garantizamos que el conjunto sea fiable, mantenible y seguro.
En resumen, podríamos decir que el ecommerce avanza hacia arquitecturas formadas por un número creciente de plataformas, herramientas y servicios especializados. En este escenario, el reto no está únicamente en incorporar nuevas capacidades, sino en conservar una visión completa del sistema y del dato. Para Elena Pérez, el criterio técnico será decisivo para aprovechar la velocidad y la especialización disponibles sin convertir cada nueva solución en una dependencia difícil de mantener o sustituir.